La geografía del Antiguo Egipto es muy significativa y
va a influir muchísimo en su arte. Egipto está situado en el nordeste de África
y está muy aislado de otros países por su situación geográfica. Sus límites
son: por el oeste, el desierto de Libia; por el este, el desierto de Arabia;
por el norte el mar Mediterráneo y por el sur el macizo de Etiopía y el
desierto de Nubia.
Está recorrido de sur a norte por el río Nilo, que va
a tener muchísima importancia en el desarrollo de esta civilización.
Al Nilo le llaman río de los dioses ya que tiene un
carácter sagrado y es honrado por los egipcios. El Nilo da vida al valle que se
desarrolla a lo largo de él. Este valle va a tener una anchura muy pequeña, de
5 a 30 km, dependiendo de las zonas. Es un río muy irregular en cuanto al
caudal debido a las lluvias monzónicas, por lo que crea inundaciones, que
beneficiaban la fertilidad, por lo que la cosecha depende de las crecidas del
Nilo, y de ella el trabajo y la vida. Desde finales de junio empieza a aumentar
su caudal y va arrastrando en un principio malas hierbas y más tarde el limo,
que se deposita en el suelo, momento que se aprovecha para sembrar. Esto sucede
varias veces al año por lo que Egipto se convierte en un territorio muy rico y
fértil.
Por tanto, la de Egipto es una sociedad fluvial, y
ello repercute en el arte: las pinturas y relieves encontrados principalmente
en las tumbas reflejan la importancia del río en la vida: transporte, pesca,
etc.
Además, el río, las tormentas, etc. influyen en la
sociedad creando supersticiones y una religión en la que los dioses están
relacionados con fenómenos naturales. Hay un gran misterio en torno a la
religión y la divinidad y el más allá van a regir toda la vida.